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Desobediencia

A dos patasPosiblemente, el personaje de esta semana que termina sea el Ministro de Justicia del Gobierno de España, Francisco Caamaño. Paradojas de la vida, que el Notario Mayor del Reino sea personaje en la semana que termina con España entera en fiestas en honor de la Virgen, y que éste notario en lugar de levantar acta del hecho, pregone que hay que esconderse hasta la medallita que nos regalaron en el bautizo.

Se ha escrito mucho de las ocurrencias de este tipo que pese a parecer más un jabalí a dos patas, es un importantísimo miembro del Gobierno de la Nación. Primero, de su afán por eliminar todo símbolo religioso de cualquier edificio público, particularmente colegios y hospitales aclarando lo que no debiera necesitar aclaración si no fuera por la tropa de la que hablamos: Que aquellos símbolos religiosos que sean histórica o artísticamente relevantes no serán destruidos. Se entiende, por tanto, que el resto irá a la hoguera o similares. Al final a cada uno le sale la vena que tiene.

Posteriormente salió con lo de la negación del derecho de los médicos a la objeción de conciencia en la prácticas de abortos, pretendiendo que todo el personal sanitario debe estar dispuesto a abrasar, descuartizar y triturar seres humanos inocentes porque él así lo dispone. El jabalí a dos patas terminó su exabrupto al respecto con una frase lapidaria que a mi modesto entender debería quedar grabada y ser recordada por siempre por todos nosotros: «Lo contrario sería un acto de desobediencia civil«.

Pese a que muchos, con la mejor intención del mundo, han proclamado como inaceptable ésta frase en particular, a mí me parece lo único digno y aprovechable de la vomitona sectaria de Caamaño.

Ojalá. Ojalá se cumpliera lo dicho por el Ministro, y se acudiera a diario y en voz alta a la desobediencia civil. Porque esa es una medida no sólo digna sino necesaria. Bien está la Objeción de Conciencia, en éste sobre todo pero también en otros ámbitos, como herramienta de salvaguarda de nuestras convicciones. Pero la desobediencia civil sería un paso más allá, tan contundente como necesario. La desobediencia civil no es nueva, ya la practicaron muchos, hace décadas. Consiste en salir a dar la cara, a pecho descubierto, a proclamar que una ley es injusta y por tanto no la acataremos. Y si vienen a reprimirnos, aguantar a pie firme la represión y volver a salir al día siguiente a dar la cara. Yéndonos a otro aspecto menos grave que el del aborto pero quizá más fácil de entender: Ya está bien de buscar argucias legales para evitar el adoctrinamiento de Educación para la Ciudadanía en nuestros hijos. Si acudimos a un tribunal porque consideremos que la ley dice otra cosa, podemos encontrarnos con que ese agujero de la ley se cambie o se tape. Y entonces ¿qué haremos? ¿Renunciar a la jurisprudencia que antes tomamos como referencia?

No. La ley dice lo que los gobernantes escriben en ella, y ya se encargarán ellos de que la ley diga que no tenemos nada qué hacer por la vía legal. Bien. Que legislen lo que quieran. Yo no he vuelto a presentar objeción a EpC. Sencillamente he comunicado que mi hija mayor -a la que le toca el próximo curso- no acudirá a esa clase. Sin discusiones, sin entrar en más valoraciones que en la de comunicar que mi hija ya recibe la asignatura de formación moral que su madre y yo hemos elegido libremente y que no asistirá a otra mientras nosotros no la elijamos. Diga lo que diga la ley.

Aplíquese esta resistencia, esta desobediencia civil, a tantos y tantos otros temas. Porque ahora estamos hablando de EpC y del aborto, pero serán más.  Muchos más, como se adivina cuando el jabalí asoma la patita por debajo del corral. Pues esperemos firmes las acometidas de los jabalís rabiosos y sectarios. Y sobre todo, seamos consecuentes: La desobediencia civil debe hacerse aceptando que a nuestra firmeza le responderá la represión. En mayor o menor medida, pero represión. Pues que venga esa represión, que aquí la esperamos. Y que queden los pies firmes manteniendo la posición. Pase lo que pase. Lo demás serán posturas, sin duda muy honorables y respetables, pero en la práctica testimoniales.

Y bienvenidos los tiempos difíciles porque ellos… ya saben.

4 Comments

  1. Si el Sr. Ministro «Jabalí de dos piernas» (más que por su aspecto físico por lo tosco de sus maneras) estima que los ciudadanos no deben ejercer la desobediencia civil, cualquier actuación podría justificarse por la obediencia debida. Incluyendo (ya que lo has mencionado de pasada) el justificar un crimen si hay una ley que lo permite. Sobre esos cimientos se han construido todas las barbaries de la Historia: «yo robé, maté, violé, crucifiqué, fusilé, quemé, aborté y destruí porque me lo ordenaron».

    En lo tocante a la educación, si negamos a los padres el derecho a educar, a cuidar de la salud y a corregir a sus hijos conforme al criterio del buen padre de familia (concepto y mención que aún permanece en los códigos civil y de comercio y que, negada la libertad de actuación conforme al sentido común, carece de sentido), equivaldría, de facto, a anular la patria potestad.

    Si la patria potestad existe, los padres delegan en el Estado la educación de sus hijos, manteniendo en todo momento el derecho a elegir la orientación moral, política y religiosa de dicha educación, supliendo el Estado, a través de la escuela, los recursos económicos y técnico, el conocimiento y el tiempo que los padres no poseen, que pare eso pagan impuestos no para que les suplan en su función de padres.

    Si por el contrario, el Estado en lugar de tener un poder delegado de los padres para la educación de los niños y jóvenes, tiene un poder absoluto, si ha de ser así que la patria potestad se niega de facto, mejor que se haga a las claras: que el Estado asuma la patria potestad de todos los niños nacidos en España, que se les enseñe lo que el Comité del Partido decida y ya veremos si esto nos lleva al Fascismo o al Comunismo, dependiendo de quienes sean los que nos toquen. Y entonces estará claro que la opción no es entre obediencia o desobediencia a las leyes sino entre la dictadura y la democracia. Y en esa tesitura, la desobediencia civil (y la resistencia pacífica y, si me apuras, la barricada) es un derecho.

    En mi opinión, en lo tocante a educación el Estado debería hacer como los mirones en el mus: callar y dar tabaco. Y procurar que todos los niños, también los pobres, puedan ser educados en libertad, aunque acaben desarrollando un pensamiento contrario al del Gobierno.

    domingo, agosto 16, 2009 at 23:36 | Permalink
  2. Gonzalo wrote:

    Gracias por el comentario, Fuego negro. Yo creo que el comentario lo expresa mejor que la entrada en sí…

    domingo, agosto 16, 2009 at 23:55 | Permalink
  3. Juan Carlos wrote:

    Saludos desde Madrid, Gonzalo.

    Yo soy también padre de tres hijos y no pienso renunciar a mis derechos ni eludir mis responsabilidades.

    He presentado la objeción para uno de mis hijos, de diez años, al que le tocaba el primer lavado de cerebro en este curso.

    Gracias por compartir de este modo tus reflexiones, y mucho ánimo porque, efectivamente, intentarán aplicarnos (ya lo están haciendo) alguna clase de represión.

    (la parte buena es que su propósito está condenado al fracaso, los niños son mucho más inteligentes de lo que parece… y confían mucho más en sus padres que en los políticos, a los que perciben como corruptos y autoritarios)

    domingo, enero 24, 2010 at 2:58 | Permalink
  4. Gonzalo wrote:

    Gracias a ti, Juan Carlos.

    Efectivamente toca aguantar de pie la represión que sin duda caerá. Y es importante tenerlo claro desde el principio, para tomar la decisión de no entrar en clase con todas las consecuencias.

    domingo, enero 24, 2010 at 14:12 | Permalink

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  1. Bitacoras.com on sábado, agosto 15, 2009 at 21:12

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