Skip to content

1 de octubre

El 1 de octubre se instauró por S.S. León XII la festividad del Santo Ángel Custodio de España.

Oh, bienaventurado espíritu celestial, a quien la Divina Misericordia se ha dignado confiar el glorioso Reino de España, para que lo defiendas y custodies; postrados ante ti y en amorosa unión contigo damos al Señor humildes y fervientes gracias por haber tenido para con nosotros la misericordiosa providencia de ponernos bajo tu protección; contigo le alabamos y bendecimos y a su divino servicio rendidamente nos ofrecemos.

Acepta, Ángel Santo, estos piadosos cultos que a tu honor dedicamos, ilumina nuestras inteligencias, conforta nuestras voluntades, presenta al Señor nuestras plegarias avaloradas con las tuyas; defiéndenos del enemigo de nuestras almas, que también lo es, y muy feroz, de nuestra Patria; alcánzanos del Señor que saquemos fruto y provecho espiritual de estos cultos, que crezcamos en la veneración a ti, en tu amor y en la docilidad a tus enseñanzas y dirección para que defendidos, custodiados y regidos por ti sirvamos fidelísimamente a Dios en nuestra vida privada y pública; para que se salven muestras almas y las de nuestros compatriotas todos; para que España sea siempre el paladín de la Fe Católica y Dios Nuestro Señor la bendiga, prospere y glorifique. Amén.

Que esta tribulación coincida con esta fecha… No existen las casualidades.

Más datos sobre esta festividad:

http://www.devocionario.com/varias/angeles_8.html

http://movimientoraigambre.blogspot.com.es/2015/01/el-santo-angel-custodio-de-espana.html

http://infocatolica.com/blog/delapsis.php/1406060653-santo-angel-custodio-de-espan

Soledad en el Protectorado

El sol terrible de agosto en Triana intenta secar las lágrimas, pero no puede. Quedan ahí, en la acera de San Jacinto. Los ojos se elevan al balcón y a la inscripción. Protectorado de la Infancia, reza, rodeando a la Señora y al coro de ángeles.

 

El portón, cerrado a cal y canto, no esconde ya una figura angelical en portería, presta a atender al visitante. Los brazos abiertos de la Milagrosa del patio no recoge más besos y oraciones que las que aún retumban en las paredes del edificio que durante más de un siglo las oyó.

Llegará septiembre y volverá el bullicio de niños corriendo y padres yendo y viniendo. Pero no se parará el mundo al ver una figura menuda envuelta en azul bajando de “la casa”, o recogida en las primeras filas de bancos de la capilla, desgranando a oscuras las cuentas o poniendo a los pies de la Inmaculada las preocupaciones por ese niño o aquella familia.

Se han ido. Las Hijas de la Caridad ya no habitan en el Protectorado. Y Triana, aunque las siga teniendo ahí cerca, en el Rosario, les llora.

Y yo.

18 de Julio

Vivimos tiempos de libertad y democracia en los que esto que voy a escribir a continuación puede ser denunciado. Eso sí, como son libres y democráticos los que me denuncien o persigan no me acusarán de delito de opinión, sino de delito de odio.

De cualquier forma, ante las brigadas de la corrección no haré más que evocar el inicio de los versos de Quevedo. Y no, no he de callar por más que aviséis o amenacéis. Y habréis de escuchar, o de leer, antes de denunciarme, algunas verdades sobre el 18 de Julio de 1936.

El Alzamiento Nacional del 18 de Julio de 1936 no fue un golpe fascista contra la democracia, la libertad y la legalidad republicana como pretende imponer desde tribunas políticas a golpe de ley. La deriva revolucionaria del régimen republicano puede constatarse no ya por los documentos soviéticos desclasificados hace años. No ya por los planes conocidos de las milicias marxistas. Puede constatarse por las propias declaraciones, abiertas y públicas, sin querer ocultar nada, de destacados miembros de los partidos del Frente Popular. De sus mítines electorales. De sus intervenciones en el Congreso. De sus publicaciones oficiales. Y, recordemos, un Frente Popular que ocupaba el gobierno después de haber falseado un proceso electoral absolutamente ilegal, como denunciaba el propio entonces Presidente de la República, luego derribado por ellos mismos, Niceto Alcalá Zamora.

No pretende ser ésta una entrada en la que entre en el análisis profundo de aquello, sólo pretendo dejar claro algún pequeño apunte de la fecha. Abierto totalmente a análisis posteriores y más profundos. Por ejemplo del fracaso del plan inicial de una acción rápida y la consiguiente guerra. O del fundamental papel que jugó el triunfo del Alzamiento en Sevilla en unas condiciones en las que absolutamente nadie podría haber apostado por ello; triunfo en el que influyen a partes iguales la decisión y astucia del General Queipo de Llano y la actuación de los dirigentes rojos, que se dividieron entre los que huyeron abandonando a sus “camaradas” y los que pudiendo sofocar la rebelión por su aplastante superioridad, prefirieron luchar por la libertad y la democracia saliendo a “cazar” curas, monjas, católicos, etc.

El hecho cierto es que la alternativa al Alzamiento Nacional del 18 de Julio de 1936 no era la legalidad republicana (cualquier cosa que eso signifique), la democracia y la vida en paz y libertad. Sin el Alzamiento Nacional, España hubiera sido la primera República Popular de órbita y obediencia soviética, del estilo a tantas otras que tras la II Guerra Mundial (Polonia, RDA, Checoslovaquia, Albania, Rumanía…) disfrutaron del mismo e idílico proyecto de libertad y democracia que los dirigentes de aquella II República en 1936 tenían reservado para España.

Y si queremos hablar de memoria, o empezamos por aquí o no hay nada que decir.

Por eso, y dejando abiertos asuntos debatibles sobre sucesos posteriores, yo seguiré celebrando la fecha del 18 de Julio como inicio de un movimiento salvador de España. Por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avisen o amenacen miedo aquellos que a golpe de decreto y boletín oficial pretendan escribir una historia que nunca existió, purgando al que no la acepte.

Dicho todo esto, mi recuerdo y homenaje debe abrazar también a miles y miles de españoles que lucharon con nobleza en el bando que hoy llaman “leal” y que entonces se autodenominaba “rojo”. Miles de españoles que empuñaron las armas en ese bando porque pensaban (equivocada pero sinceramente) que era lo mejor para España. O simplemente porque les tocó “caer” en zona roja. Como mi vergüenza y desprecio alcanza a aquellos, también miles, que se envolvieron en banderas victoriosas para jugar a caballo ganador sin más ideal ni anhelo que el de medrar, cometiendo crímenes que no sólo no se deben perdonar por esconderse detrás de esas banderas, sino que deben ser aún más deleznables por mancharlas con su infamia.

Para todos, nobles y ruines. Para vencedores y vencidos. Para acertados y equivocados. Para España y los españoles, nuestra oración y petición de perdón y descanso.

Echarse al campo

Se me va pasando la edad, si no está más que pasada. Y aquí sigo, sin dar el paso y aceptando ya que jamás lo daré. Por cobardía, por obligaciones, por imposibilidad… por lo que sea.

En esto, como en la bandera contra el mundialismo, nos dejamos robar una trinchera que era nuestra y sólo nuestra. Y encima la ocuparon precisamente los peones del mundialismo, tan estúpidos que siguen ignorando que lo son.

No. No se trata de aislarse y de abandonar el mundo, que ya os veo venir a algunos a decirme que nuestra misión no es la de salvarnos solos sino la de salvar a cuantos podamos. Perdonad que os diga, pero una cosa no quita la otra.

No se trata de levantar un muro entre nosotros y la sociedad, por más ganas que nos den, y a mí varias veces al día, con espinos y torretas con ametralladoras. Se trata de reforzarnos, de crear comunidades y desde esas comunidades saltar al mundo, pero teniendo la retaguardia medianamente cubierta para que, al volver al descanso, no sea todo en campo enemigo. Que nuestros hijos puedan jugar en la plaza –los pequeños- u organizar sus actividades sociales –los más mayorcitos- sin tener que cribar, sin tener que sacar la pala, sin temer, o al menos sin temer TANTO. Comunidades. Con capacidad de crecimiento. Y visibles.

Dejamos, decía, que nos robaran esa bandera. También esa. Y ahora risueños grupos de jipis fumaos hasta las orejas cantan y bailan en acogedoras casas que levantaron de las ruinas que nuestros abuelos dejaron. Pero desde esas ruinas reconstruidas en comunas en lugar de en comunidades se enseñan al mundo, interactúan con él y atraen a otros. Mientras nosotros teorizamos sobre lo divino y lo humano pero parando nuestras divagaciones para entrar en esa reunión que nos han puesto para ver si la empresa a la que servimos va a explotar un puntito más a tal o cual subcontratado, o si va a timar unos céntimos más a tal o cual cliente, mientras hemos dejado a nuestros hijos en manos de profanadores del legado de San Ignacio (por poner un ejemplo entre tantos disponibles, cambien ustedes por el santo, beato, hermano o sor que quieran) que aprovechando nuestra confianza en el crucifijo de la puerta del cole, echarán sal en todo lo que vamos sembrando, dejando sólo crecer su herejía defendida por la evidencia de que “¿veis?, si ahora lo hace así todo el mundo, hasta el capellán, no seáis antiguos…” o cosas similares.

Decía al principio que por lo que sea. No, coño, no. Dejaré de mentir. Por mi culpa, por mi cobardía, por mi comodidad.

Hoy, ya ven, ando optimista.

Odio eterno al mundo moderno.

Selectividad

¿Recuerdas las discusiones y las malas caras que nos costó? ¿Las tardes perdidas sin juegos? ¿Y el verano entero que me pasé en casa dándote clases durante horas? Tú te rebelabas, y yo siempre te decía lo mismo: “Hija, si no quieres estudiar, por mí perfecto. Lo dejamos aquí y punto. Pero piensa ¿quieres seguir?” Y tú acababas diciendo “Sí”, y yo “pues entonces hay que empujar”.

Y mañana… mañana, pasado y al otro pasaremos la tortura y luego, ya habremos superado esa etapa que te parecía tan lejana. Habrás. Y llegará otra en la que ya deberás volar sola. O casi. Y será lo que tenga que ser. Y, ya te lo he dicho esta tarde, cuando los nervios, los miedos y las dudas afloraban y arrancaban lágrimas: Pase lo que pase estaremos contentos. Estaremos orgullosos. Has peleado, te has esforzado. Cuando hubo que corregirte, lo hicimos de la mejor manera que supimos. Y respondiste. Pasaste momentos malos, y nos los hiciste pasar. Al final se trata de eso. De pasarlos y volver a abrazarte, y volver a estar ahí.

Pero, ¡fíjate! Quizá con nuestra ayuda, quizá a pesar de nuestras torpezas, aquí estamos. Aquí estás. Nunca nadie volcó tanto esfuerzo, nunca nadie sacó tanto provecho de esa mesa. Te lo aseguro. Lo sé porque fue la mía. Encara esta selectividad con la cabeza alta, hija. Tú has hecho tu parte.

¿Desearte suerte? Sí, con los nervios y las dudas. Que los domines. Con eso será suficiente.

Huye el tiempo veloz…

Hace cosa de un mes y medio envié (por primera vez) un texto a un concurso literario. Se trataba del certamen “Marzorrelatos” organizado por el Ayuntamiento de Espartinas con motivo del “día de la mujer” (1) y la única limitación es que empezaran por la frase “Huye el tiempo veloz…” y no sobrepararan las 100 palabras. Dejo a continuación el microrrelato que presenté, así como enlace a la selección de los veinte textos que merecieron ser seleccionados por el organizador.

Nostalgia de quien nunca vino.
por Gonzalo García Yangüela.

Huye el tiempo veloz… y sus manos se enlazan sobre el vacío de su vientre. Sus ojos buscan en el horizonte intentando recuperar el momento en el que eligió. Sus dedos se desanudan y las palmas recorren su anatomía, desde sus pechos secos hasta su vientre. Siente en sus manos el silencio de su cuerpo yermo. Y ahora, ya sin remedio, llora en silencio su oquedad ya irremisible. Le hicieron elegir, y lo hizo. Y ahora, entre las sombras de su éxito y la gloria acumulada sólo anhela lo que aplazó. Tarde. Huyó el tiempo. Su sangre se extinguirá con ella.

Los relatos ganadores y finalistas pueden encontrarlos aquí.

 

Móviles, acosos, privacidad y confianza

Leo en algún titular, y la cosa es cíclica, sobre si “controlar el móvil de la pareja” es violencia de género o no. Me llegan de vez en cuando chistes sobre lo terrible que es que tu “pareja” pueda ver tu guasap. Uno que pasa por aquí le va comentando al otro que ha perdido el móvil y su máxima preocupación es que le saquen la tarjeta de memoria y vean todo lo que tenía guardado.

Yo no sé si es violencia de género, si es algo temible o si a quien se encontrara mi móvil le interesaría o no el contenido de la memoria. Lo que tengo muy claro es que el día en que me asustara o violentara que mi esposa viera mi móvil o que considerase un grave problema (más allá del lógico deseo de intimidad, del posible acceso a mis cuentas digitales, de que me suplantaran, o cosas así) que alguien tuviera acceso a los archivos guardados en mi móvil o en la SD… Por favor, ese día quitadme el móvil y tiradlo al fuego. Y a mí dadme un par de guantás.

Y vosotros, si no veis que es mucho más simple que todo eso, que se trata únicamente de confianza y buen hacer, de que el que nada esconde nada teme… de verdad, hacéoslo mirar.

Aunque, pienso ahora, quizá el problema radica en que sea tu “pareja”. Claro. Ya voy entendiendo.

Odio eterno al mundo moderno.

Tele-educando al rebaño

Es fin de semana. Media la tarde y mis hijos más pequeños se enteran de que en un canal de la tele (DMax) están poniendo una de las entregas de la saga Regreso al Futuro. La ponen. Llega un intermedio. Mediada la tarde, repito. Regreso al futuro, insisto. La publicidad, lo más propio: “¿habéis probado los geles de placer?” Bla, bla bla. Y tal y tal.

Llevo a mis hijas mayores. La mediana tiene el mal gusto de poner a esas horas en la radio del coche Cadena 100 (propiedad, por cierto, del sindicato español de obispos, dentro del grupo COPE). La mediana se baja y sigo con la mayor. Son las 8:18 de la mañana. Voy a cambiar la cadena pero por motivos ajenos a lo relatado, la dejo unos minutos. Publicidad. Ruido de una ducha. Ruido de una puerta. Hombre que dice “estoy en casa”. Mujer que contesta “me estoy duchando”. Hombre que dice “me han echado del trabajo”. Ruido de la cortina de la ducha. El agua sigue sonando. “Hummm, siiii”. Voz en off: “si tu vida sexual está bien, lo demás no importa”.

Martes, 21:15 horas. Faltan unos minutos para que empiece el partido del Betis. Lo retransmite el canal Gol. Pongo la tele en el salón pero me voy a la cocina, a cenar. Todavía no he salido por la puerta y, antes de conectar con el estadio, muy rimbombantemente una marca de preservativos (y pagadora de informes manipulados sobre el SIDA, añado) expone la gran labor que realiza evitando embarazos “imprevistos” y facilitando el acceso de los jóvenes al sexo “seguro”.

Esto que les cuento ocurre en unos pocos días y con un uso bastante reducido y selectivo de radio y, sobre todo, tele. Si la dejan puesta normalmente, pues ya saben. Ni siquiera sirve con “esquivar” determinados programas: además de la publicidad, observen ustedes cualquier avance de cualquier programa de cualquier cadena a cualquier hora del día, y encontrarán estos tres ejemplos casi como anécdotas menores.

Desconectar tele (¡y radio!) es una opción cada vez más atractiva.

Lecciones de vida y de muerte verdaderamente digna

Acudir a un entierro y que sea la familia del difunto la que te brinde consuelo y ánimos.

Oír el relato del proceso de la agonía y encontrar en la muerte tan grandes lecciones de vida.

Una nuera dando gracias a Dios por haber pasado años atendiendo a su suegra enferma hasta el final y explicando el gran don que ello le ha supuesto.

Niños enterrando a su abuela entre cánticos (que parecieran de ángeles celebrando) y sonrisas.

¿Misterios de la vida? No. Grandezas de la muerte cuando ésta se encara como lo que es.

Descanse en Paz.

Los frutos de la universidad democrática, progresista y laica

La verdad es que podrían hacerse mil y un comentarios. Podríamos hasta rebajarnos a su nivel y aceptando enerA debatir sobre el género de los cuatro finales. Es igual. Creo que, aunque se hiciera animus iocandi, sería darles mucho más de lo que merecen.

Así que dejaré únicamente el primer pensamiento que me asaltó al leer la noticia: Cuando la Iglesia Católica creaba las primeras universidades, al amparo de la Monarquía Católica, éstas eran el templo del conocimiento, la cuna del saber. Y si aquellas daban los frutos propios de aquel escenario y aquellos tiempos, las modernas universidades, tan laicas, progresistas y democráticas ellas, simplemente producen lo propio de hogaño. Mierda, decrepitud y miseria intelectual. Todo muy moderno e igualitario.

Como dejó escrito Nicolás Gómez Dávila: el mundo moderno no será castigado. Es el castigo.