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Causas y consecuencias

Antes de nada voy a pedir perdón a los padres afectados, reconociendo que a toro pasado todos somos Manolete. No pretendo reprenderlos a ellos, a los que sólo puedo acompañar en el sentimiento y dedicar oraciones en sufragio por el alma de su hija y por su amparo. Mi reflexión no es personal sino que la dirijo a toda una estructura social.

Las crónicas sobre la muerte de una niña de 12 años por un coma etílico señalan que 15 días antes se habían dado unas charlas sobre consumo de alcohol por la Comunidad de Madrid a las que acudió la niña. Una y otra vez confirman la asistencia. Y señalan ¡Cielos! su sorpresa porque a pesar de eso la niña se zumbara una botella de Ron a morro.

En cambio, no encuentro reacciones de sorpresa ni por que una niña de 12 años estuviera en una zona de marcha a las once y cuarto de la noche ni, ojo a esto, que al menos en dos ocasiones la niña fue llevada a su casa por la policía en estado de embriaguez, que le llaman.

Una sociedad que cuando la policía trae a casa a niñas de 12 años completamente borrachas sigue viendo normal el dejarles salir hasta tarde a las mismas chicas (ay, si son jóvenes, déjales que disfruten) confiando en charlas de administraciones públicas difícilmente puede quejarse porque pasen estas cosas. Por muy tristes que sean. Son la consecuencia natural de lo que se siembra.

Descanse en Paz.

31 de octubre, 499 años de herejía y degeneración

La ruptura de Lutero (siempre me ha parecido mucho más acertado ese término que el habitual de reforma) supuso una verdadera revolución en varios campos. El primero, en lo teológico, evidente. El segundo, en lo social, no siempre recordado pero fundamental para la transformación del mundo hasta llegar a la sociedad actual. Demos algunos apuntes sobre ellos y luego hablaré de un tercero.

Lutero entrando en el Infierno

En lo teológico la ruptura de Lutero supone una reedición del Non Serviam luciferino. A semejanza (y a escala) de la rebelión diabólica, enarbola la bandera de la libertad en este caso frente al papado para entregar el poder espiritual a los detentadores del poder terrenal. Alegando la ilegitimidad del Magisterio de la Iglesia para interpretar la Doctrina entrega esa supuesta legitimidad primero a sí mismo y luego a príncipes que se mueven por intereses políticos. Su ruptura, presentada como reforma por el celo de la purificación, no es hija más que de su soberbia.

En lo social, esa fractura teológica será la que dé lugar al totalitarismo. Unificado el poder terrenal con el poder espiritual, sus primeros frutos son enormes matanzas de campesinos alemanes a manos de los príncipes ungidos por Lutero. Al derruir los muros de contención de la recta moral y sustituirlos por la voluntad del individuo, su ruptura primero es madre del absolutismo y posteriormente de las revoluciones liberal, comunista y actualmente la de la ideología de género.

Esas dos facetas de la vida quedarán para siempre afectadas por la ruptura soberbia de Lutero. Pero además decía que quería reflexionar sobre otro campo más. Y este podríamos llamarlo el nacional, o el patriótico. O el de nuestros padres. Durante décadas, nuestros ancestros sufrieron y sangraron para detener el horror provocado por Lutero y continuado y aumentado por Calvino. Nuestros mayores sangraron en media Europa no por intereses materiales o por ansias de poder cual potencias democráticas actuales, sino fundamentalmente por defender la civilización cristiana y la libertad de la tiranía que la ruptura protestante y sus hijas revolucionarias traían al mundo. Miles y miles de españoles lucharon en el nombre de Dios y de la Iglesia frente al terror luterano y calvinista. La sangre de nuestros mayores, nuestra sangre, corrió por medio continente. En defensa de la Verdad. En defensa de Cristo y su Iglesia.

El Camino Español

Honrar hoy a quien abrió esa espita de revolución y degeneración es una afrenta. Afrenta en lo religioso, porque celebra a quien cayó en la desesperación y negó la Verdad queriéndola someter a su soberbia, arrastrando a su perdición y herejía a millones de almas. Afrenta en lo social, porque ensalza la degeneración y ruptura de la Cristiandad y su civilización. Y afrenta como español, porque escupe sobre la sangre de mis mayores.

La primera afrenta causa un intenso dolor de corazón y mueve a la oración reparadora ante Dios. La segunda afrenta mueve a la acción reivindicativa de la justicia social aniquilada por la ruptura y por su hija la Revolución. La tercera afrenta mueve al levantamiento de la memoria de mis mayores, reivindicando tanto la Cruz y la Virgen de sus estandartes como sus picas y arcabuces.

31 de octubre de 1517. Un criminal apuñala el corazón de la Cristiandad. Su nombre era Martín Lutero. Su mayor pecado la soberbia. Su legado, infernal. ¿Homenajerle? Non Possumus.

Escuchar al bosque

Una de las cosas por las que prefiero ir solo por los bosques es porque así puedo escucharlos mejor.

Una vez, siendo ella bastante pequeña, mandé callar a mi hija mayor en el monte. Me miró extrañada y le dije “para escuchar a los árboles”. Ella no entendía nada.

Hubo alguien que me dijo acerca de esto que le parecía algo medio pagano. Le contesté que no, que yo no escucho espíritus ni nada de eso. Cuando escucho al bosque escucho a la Creación.

Que tiene mucho que decirnos. Sobre todo, del Creador. Precisamente por eso el mundo moderno destruye los bosques o pretende someterlos.

Pinchen en la imagen para ir a su ubicación original - Wrath of Gnon

En torno a su Dios

Los viejos pueblos crecían en derredor de su parroquia, de su campanario.

El mundo moderno levanta sus urbanizaciones a partir del centro comercial.

Ambos giran en torno a su culto principal.

En guerra contra el mundo moderno.

Hoy que empieza el curso…

En la publicidad de centros de enseñanza católicos (o eso dicen) encuentro llamativos datos sobre sus buenas notas en selectividad, o el éxito profesional y socio-económico de sus alumnos, pero nunca el número de vocaciones ni el de personas de fe que salen de ellos.

¿Os suena cuál es la misión principal del católico? ¿Sois centros católicos o centros con crucifijo junto a la pizarra?

Lo de católicos ha pasado a ser una simple coletilla, incómoda en ocasiones.

Ah, pero el peligro son los rojos. Ya.

Decía Álvaro D’Ors que el comunismo al menos hace mártires, frente al capitalismo que sólo genera herejes y pervertidos.

Vuelta a la rutina

Hace unos días Gonzalete, de repente, tras un suspiro hondo y sincero, exclamaba “ay, qué ganas tengo de que empiece ya el cole”. Entre comentarios de su madre y sus hermanas, yo simplemente miré a mi esposa y le dije “a veces este niño no parece mío”.

No tengo recuerdo de ningún día, jamás, haber querido ir al cole. Desde mi primer recuerdo borroso en párvulos hasta mi turbulenta juventud, pasando por islotes de la memoria de los primeros años de la EGB recuerdo días, ocasiones, juegos y aventuras. Ninguno de los recuerdos directamente ligados al colegio (sí otros ligados a mis compañeros, a excursiones y demás) es bueno. Y siempre, siempre, siempre, ante la desesperación de mis pobres padres que insistían en que debía de cambiar de actitud ante el colegio porque según ellos yo era muy listo pero muy flojo, siempre, decía, contesté lo mismo: “Es que nada de lo que me enseñan en el cole me interesa nada”.

Fui un niño bastante bueno, un adolescente insoportable y un joven con según qué días. Nunca cambié mi percepción en ese sentido. Hoy, viejuno insoportable con según qué días, sigo convencido y aún me interesa menos lo que enseñan a mis hijos.

La semana que viene mis hijos vuelven a clase. El pequeño, espero, a pasarlo bien con su pequeña pero inseparable pandilla. La mediana, a acumular horas de clase esperando el timbre del recreo (no me lo dice, pero lo sé: es la que más se parece a mí) y la mayor, en segundo de bachillerato, a pasar meses de nervios y reflexiones intentando acertar en su siguiente paso, que a día de hoy no sabe hacia dónde dirigir. Yo los observo y necesito no pocos esfuerzos para animarles, para indicarles, para imponer un régimen de trabajo (eso sí, siempre buscando el aprender por encima del aprobar y sin exigencias de notas, aunque sí de atención). Pero cada año me cuesta más.

Ya he escrito alguna vez que los primeros años de Gonzalete en el cole me han parecido una bendición, porque ha dado con unas seños que le ilusionan y le hacen aprender, por encima de cargas de tareas absurdas que tanto gustan a otras. Ahí -de momento- tengo poco que hacer, ya que si él lo disfruta y aprende, bendito sea Dios. Lo duro es con las mayores. Intento despertar en ellas alguna vocación, pero no inculcando ni empujando, sino hablando con la esperanza de que ellas la descubran. Con la mayor, que es con quien más hablo, hace unos meses no pude sostener más el discurso oficial y confesé. “¿Sabes qué? Si hoy volviera a tener tu edad, rechazaría todas las asignaturas de ciencias por las que opté y abrazaría las letras, pero con la única vocación de culturizarme. Luego saldría del colegio y buscaría a maestros de los que ya van quedando cada vez menos y les pediría que me enseñasen sus oficios. A crear cosas con mis manos. Y a ello me dedicaría. Algún día todos esos gilipollas verían que no pueden comer, o vestir, o techarse con sus presentaciones ni con sus hojas de cálculo y vendrán a buscarme, porque me necesitarán.”

Ellos vuelven al cole. Y yo al trabajo. Teóricamente debería hacerlo con ilusión, después de una época difícil y de encontrar una oportunidad que me ha permitido, contra toda ley de mercado, volver a la profesión que un día me pareció una buena manera de ganarme la vida y que hoy es un huerto en el que no paran de florecer malas hierbas. Pero es falso. No la tengo. Vengo aquí porque no tengo más remedio. Porque tengo que dar de comer a mi familia. Pero ni me gusta el trabajo que hago ni creo que sirva para nada útil y verdadero. Puedo asumirlo y tirar con ello. Lo más difícil es cuando pienso que a esto es a lo que estoy condenando a mis hijos con sus planes de estudios, sus notas y sus títulos. A una vida encadenada al remo de una galera que, mientras nos alimenta y concede esas cosas que hacen que creamos que vivimos y que somos libres, nos dirige, por el mismo esfuerzo de nuestro brazo, hacia el naufragio de todo lo bello, de todo lo verdadero, de lo eterno.

Feliz vuelta a la rutina. Remad. Hasta el infinito.

Felicidades mamá

Cuentan historias de algunos que buscaron lejanas fuentes de la eterna juventud.

Yo hace tiempo que la descubrí, y esta tarde volveré a sumergirme en ella, cuando celebrando tus ochenta años coja tu mano y vuelva a sentir que desaparecen tus canas y achaques, que soy tan pequeño a tu lado y que me llevas a jugar al parque.

Felicidades mamá.

Sobre el martirio, el perdón y la Verdad

Al final del día se agolpaban las sensaciones. Mientras la rabia me llevaba a clamar contra los orcos mahometanos, mi recuerdo hacia el padre Hamel me hacía imaginar la escena de su martirio, y cómo para producirse éste su asesinato fue por profesar la fe y perdonando a sus asesinos.

Esa es la condición para ganar el inmenso premio de la palma del martirio. Mientras el martirio verdadero se produce defendiendo a Cristo, amando y perdonando a los asesinos y pidiendo por su conversión, lo que los salvajes llaman martirio va ligado al odio y al mayor daño posible.

Debería insistirse en esa diferencia, para cuando algunos tontos modernos vengan a igualar agua y aceite. Y proclamando esta diferencia, pedir el reconocimiento de la evidencia. De que hay niveles, rangos, categorías. Hay no solo creencias sino sociedades y civilizaciones basadas en esas creencias que son superiores a otras. Y que sólo negará esa superioridad el imbécil o el malvado. Imbéciles y malvados que tienen en sus manos la sangre de las víctimas. Imbéciles y malvados que hoy como tantas veces juegan al tétris con las palabras para no llamar a las cosas por su nombre.

Y a la vez debemos recordar nuestro mandato de amar y perdonar, sin duda lo más difícil en esos momentos.

Pero el amor y el perdón no pueden disfrazarse de buenismo y debilidad. Y, mucho menos, de equiparación. Hay que reverenciar la sangre de los mártires, y pedir a Dios la fortaleza y determinación necesaria para, si llega el caso, aceptar la prueba y ganar, dichosos, la palma que conlleva la gloria eterna. Pero al mismo tiempo hay que exigir por una parte a quien corresponda (se supone que la autoridad civil, y si esta hace dejación tendrá que corresponderle a la gente corriente) que garantice en lo posible que no vendrán orcos mahometanos a hacer mártires a su antojo. Y esa garantía se logra con firmeza, con contundencia y con prevención. No con venganzas a posteriori en forma de bombardeos arbitrarios, como gusta a las repúblicas masonas. Y esa firmeza y contundencia no podrá estar basada en el odio o en el miedo, sino en la defensa del bien común, que eso es lo que cabe exigirle a un gobernante, del color que sea, para que sea legítimo. Y por otra parte hay que exigir, debemos exigirnos, ser consecuentes con nuestra fe y con nuestros mandamientos. Y rezar por los asesinos. Sí, por los asesinos, por los salvajes que disfrutan obligando a un anciano sacerdote a arrodillarse para grabar cómo le cortan el cuello por orden de su profeta, de sus suras y de sus imanes. Y rezar por la salvación de sus almas, aunque el primer impulso que sintamos sea el de desearles la condenación.

Y para eso, para buscar la salvación de sus almas y su llegada a la vida eterna, lo primero que hay que hacer es proclamar el Evangelio y señalar el error a quienes siguen a falsos profetas. Nada bueno conseguiremos para ellos si nos mantenemos en esta perversión del “dejémosles que yerren, ¿quiénes somos nosotros para proclamarles la Verdad?”

Por que sí. Porque siguen las doctrinas falsas de un falso profeta. Porque son además doctrinas no sólo falsas sino diabólicas, que proclaman la persecución y el odio. Porque NO, DE NINGUNA MANERA adoramos al mismo Dios. Nosotros adoramos al único Dios verdadero, Uno y Trino, Encarnado, con una justicia infinita y también con misericordia y amor infinito. Ellos no. Ni los judíos. Así que dejen de compararnos, leñe. Y algún pánfilo, que deje de “comprar” esas comparaciones.

Recemos por ellos, proclamemos el Evangelio y proclamemos LA VERDAD. Que pasa por señalar que la doctrina del Islam es falsa, maligna, blasfema y diabólica. A partir de ahí, podremos buscar la conversión y redención de sus engañados seguidores.

Porque animarles a seguir adorando a un dios que clama sangre inventado por un falso profeta no es amarles. Es llevarles a la condenación. Y mirar para otro lado proclamando que lo principal es atenderles en lo material (que por supuesto es necesario) despreciando el mandato principal de la evangelización es propio de ONGs masonas, no de católicos.

Los voceros del régimen, empezando por los de los medios que usurpan el nombre de católicos, dirán que la solución pasa por convertir a los salvajes no a la verdadera fe, sino a eso que llaman la democracia y la libertad. Los masoncetes de allí, invocarán liberté, egalité, fraternité. Es decir, piden convertir a los que degüellan curas por los dogmas de su falso profeta a los mismos dogmas que defendían otros que degollaron a muchísimos más curas y asesinaron a muchísima más gente en la misma Francia que la que puedan asesinar estos salvajes en varias décadas.

Dale Señor el descanso eterno a tu hijo Jacques Hamel, y a nosotros la fortaleza y la decisión de abrazar el martirio si llega el caso, pero también la constancia y el valor de proclamar la Verdad frente a los asesinos. Frente a los que hoy degüellan en nombre de un falso profeta y frente a los que ayer degollaban en nombre de la falsa diosa razón. Unos y otros inspirados por el mismo Príncipe de la Mentira.

De leyes, protecciones, imposiciones, tiranías y objeciones

Con la reciente aprobación en la comunidad autónoma de Madrid de la llamada Ley LGTB (y de nombre oficial “Ley de Protección Integral contra la Discriminación por Diversidad Sexual y de Género”), según la cual se regula que en los centros educativos madrileños (públicos, privados y concertados) se imparta a todos los alumnos la ideología de género que entre otras cosas dice que la biología y la genética es un mero accidente que debe someterse a la voluntad humana que será la que determine si Pepito será a partir de hoy Vanessa independientemente de lo que le cuelgue o Luisita mañana será Alejandro, o si será ambas cosas a la vez, o si variará en días alternos. Por supuesto animando desde la más tierna infancia a explorar estas posibilidades en profundidad. Además, los que quieran ejercer la docencia deberán “adecuarse” a estos programas que estarán presentes en cursos y másteres por los que pasen. Se “protegerá” también la “libertad sexual” del niño, vigilando que no sufra imposiciones heteropatriarcales por parte de sus retrógrados padres (perdón, padres y madres, perdón, progenitores A/B). Una ley, en suma, no solamente opuesta a la moral, sino directamente a la biología.

Al respecto le oído y leído muchas cosas. Quisiera volver sobre alguna.

La primera y evidente, que no aporta nada nuevo: Es una ley presentada por el PP y aprobada por unanimidad de los cuatro partidos presentes en la Asamblea de Madrid (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos). Todos esos partidos son igualmente responsables, empezando por el mayoritario Partido Popular. Dicho esto, y en aplicación estricta de SU ley, a partir de ahora cuando mandemos a tomar por culo a quien nos pida un voto “por el mal menor” a esa chusma, lo haremos con el deseo de que disfruten de nuestra indicación como muestra de su apertura a la diversidad sexual y de género.

La segunda señalar que como todas las leyes liberales, en bien de la libertad y la democracia, no solo impone una ética perversa, sino que además vigila que nadie se salga de la misma ni se atreva a manifestar discrepancia. En este sentido hay que recordar que gracias a nuestras insitituciones democráticas, a este respecto se PERSEGUIRÁ “toda intervención médica, psiquiátrica, psicológica, religiosa o de cualquier otra índole que persiga la modificación de la orientación sexual o de la identidad de género de una persona”. Todavía resuena en mi cabeza el eco de ese “de cualquier otra índole”. Átense los machos (y perdón por lo de machos, ese constructo judeocristiano heteropatriarcal).

La tercera es simplemente una nueva constatación de que la libertad educativa no existe en España, por decisión sobre todo de los colegios católicos que aceptan (con alguna mala cara, eso sí) pasar por el aro de esto y de lo que haga falta por mantener el concierto (los concertados) o su licencia de apertura (los privados). Entre esto o la amenaza preelectoral de que si ganaban los otros quitarían los conciertos sigo prefiriendo lo segundo. Ya saben: Mejor perseguidos que juramentados. Mejor mozárabes muertos que muladís vivos. Mejor mártires que herejes. Y que me perdonen algunos señores obispos y los señores responsables de las distintas instituciones religiosas en otro tiempo dedicadas a la enseñanza católica y hoy al pastoreo por recordar lo que cualquier católico hubiera dicho como base de su fe durante los dos milenios anteriores a esta negra noche de estupidez. Ahora es tarde para quejaros, queridos.

Y la cuarta, la de siempre. La misma que en los casos de educación para la ciudadanía o de tantas y tantas imposiciones de este régimen, el más tiránico de los últimos milenios, que impone y controla todo. Los endeblitos de siempre, auto atribuyéndose la representación de las familias o de los católicos o de la simple libertad de educación (qué asco da esa expresión en vuestras tibias bocas, pelagatos) clamando: “Ah, qué malos son, que no van a permitir que si un padre se opone a ese niño no se le imparta esa materia, hay que reclamar la libertad y la objeción de conciencia para que si un padre…” QUE NO, COJONES. QUE VUESTRA LLANTINA APELANDO AL DERECHO A LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA ES VOMITIVA. No se trata de decir “a mi niño no, a los otros que les den” (en este caso literalmente, al tiempo), sino de oponerse a la tiranía y defender la Verdad.

Sí, la Verdad. Ya supongo que no os suena.

A las leyes tiránicas no se les responde con “por favor, a mí no, mejor al vecino”. La ley inicua no se objeta. Se denuncia, combate y desobedece. Al tirano, contundencia. Y al cómplice, también.

Y hagan un favor a sus hijos. Sáquenlos del colegio. De cualquiera. YA.

18 de julio

Te alzaste. Dejaste el pueblo, tu amor y tu huerto. Cambiaste la azada por el viejo fusil del abuelo. Y saliste. Y te uniste a otros, de otros valles y otros campos.

Y luchaste. Con tristeza de tener que hacerlo, pero con la determinación de quien sabe que no luchabas por ti, ni por tu casa ni por tu amor.

Por todo ello luchabas, sí. Pero por mucho más. Por los hijos que aún no tenías y por los abuelos que ya murieron. Por los pueblos de tu valle y las ciudades lejanas que no conocías. Por lo que te enseñó tu padre. Por lo que lucharon tus mayores.

Por lo que tu sangre, y la de tantos, te legó. Por todo ello luchaste. Por todo ello te alzaste. Por todo ello sudaste, sangraste y lloraste. Y por todo ello venciste, aunque sólo por hacer lo que la sangre, el honor y la patria demandaban ya era grande tu victoria.

En memoria y homenaje de todos los que dieron su vida por una España mejor. LXXX aniversario.