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De musas, vino, rosas, pan y cebolla

En demasiadas ocasiones he dejado sin escribir entradas que me apetecían mucho. Sobre el matrimonio, muchas. Sobre el placer que se oculta en una tarde entregada a ayudar en los estudios de los hijos, sin poder dedicarla a aquello que un día pensamos que haríamos cuando la tropa fuera creciendo, varias. Sobre el poder regenerativo de un bebé abrazado al pecho que consigue eliminar nuestra lista de tareas haciendo que mantener esa postura sea la prioridad absoluta, también varias.

Esas faltas, en la mayoría de los casos, venían provocadas por la falta de tiempo, por las prisas, por la saturación de cosas pendientes que me hacen escribir mucho menos de lo que quisiera, y además hacen que no me siente a empezar un tema profundo porque prefiero no escribir de algo a quedarme a medias.

Pero hay otras, bastantes, en las que el cuerpo me pide escribir como reivindicación del matrimonio y de la familia, y de la grandeza de tener niños en casa, y de reivindicación de la entrega, fidelidad e indisolubilidad del matrimonio. Una denuncia del modelo imperante de la pareja siempre adolescente, siempre fijada en el disfrute del momento, siempre orientada a la comodidad, en defensa de la verdadera naturaleza de la familia, del, en resumen, sabio dicho “contigo, pan y cebolla”.

Y cuando busco el hueco, acomodo a las musas y me dispongo a teclear desnudando mis sentimientos y mostrando al mundo que mi felicidad consiste en abrazar a mi esposa y besarle la frente cuando las fuerzas ya no me dan para más, o que después de llegar harto de todo a casa me sumerjo durante más de una hora en el estudio profundo de este o aquel tema de naturales de 1º de la ESO, alternado con corregir ejercicios de matemáticas de 4º de Primaria, aliñado con un cambio de pañales y tirarme al suelo a fingir que las piezas de Lego forman un animal que nos ataca y lo que para otros sería una pesadilla para mí supone mi verdadera vocación a la que no puedo entregarme tanto como quisiera… cuando voy a contarle al mundo esto, o la emoción que tengo que esconder cuando susurro a una preadolescente lo que puede encontrarse ahí fuera e intento guiarle sobre cómo enfrentarlo, o el placer que encierra un charco de baba en el pecho cuando un niño pequeño se queda dormido en brazos, o tantas otras cosas, encuentro entonces que la preadolescente ejerce de tal y me recibe con una sucesión de desplantes, o que el pequeño juguetón se ha transformado en una rabieta con patas que no para de chillar, de tirar cosas y de pegarle a sus hermanas, o que los deberes de primaria que se podrían hacer en una o dos horas se eternizan mientras se miran las musarañas, o que el refugio buscado en los brazos de mi esposa se transforman, por las circunstancias vividas, en un reproche o en una actuación en todo contrario a lo que uno esperaba.

Y si llego a sentarme ante el teclado pienso que no es entonces cuando pueda escribir nada sobre algo a reivindicar, cuando lo que siento en ese momento es que me ataca los nervios. Y aquellas musas recogen sus bártulos y se marchan, y aquellos sentimientos vuelven a abrigarse y la entrada no llega a escribirse.

El que una vez se diera esa circunstancia no me llamó la atención. El que se repitiera en varias ocasiones me hizo pensar en la mala suerte que me dejaba sin escribir aquello que realmente quería gritar al mundo. En la última ocasión, al fin, una de las musas se quedó conmigo, me sacudió con fuerza y me espetó: “Pero so pedazo de trozo, ¿Es que todavía no nos entiendes, después de que te lo dejamos todo hecho?”.

Y por fin lo entendí. Entendí que es absurdo el propagar las bondades del contigo pan y cebolla en un remanso de florecillas y mariposas. Y que para los buenos ratos ya hay voluntarios a patadas. Y que la reivindicación de la vigencia del amor de los esposos más allá del enamoramiento juvenil y de los días de vino y rosas debe hacerse desde la trinchera de los momentos oscuros que se reivindican. Y que jugar con los legos no tiene mérito si no se reciben en un ojo después de una noche de toses y llantos. Y que decirle a alguien lo que debería hacer está bien, pero está mejor acompañar el deseo de crecimiento desde el sufrimiento del aparente desapego adolescente.

Y es que en realidad es todo eso lo que yo quería reivindicar. Ante las familias que se deshacen porque “lo nuestro se ha convertido otra cosa, ya no es como antes”, que entiendan que es la misma vida la que ya no es como antes… afortunadamente. Para las parejas que se abandonan porque “echan de menos la marcha y la diversión de antes”, que entiendan que la marcha y la diversión son partes de una etapa de la vida. Para aquellos que se quejan de que “con niños ya no es lo mismo”… ¿qué esperaban? ¡Claro que no es lo mismo! Para aquellos del “buf… un hermanito… con las preocupaciones que eso conlleva”, sacudirles el cuajo con fuerza para preguntárles qué vida es esa en la que no hay preocupaciones. Para aquellos, en fin, del “es que no me entiende”, una duda: ¿y tú, intentas entenderle?

En suma, entendí que si quiero hablar de las bondades y bendiciones de la familia, es desde el pan y la cebolla desde donde mejor puedo hacerlo.

Ahora sólo me falta encontrar tiempo. Muchas horas han pasado desde que empecé esta entrada hasta ahora, que quiero concluir. Ratos sueltos, tiempos muertos, esperas…

No he querido dejarla pasar. La ocasión de al menos fijar una postura, dar mi acuse de recibo. Espero volver al tema y hacerlo de manera pausada y extensa. Será en otro rato suelto, en otra espera. Hasta entonces, si esta tarde vuelvo a encontrar un desplante, un berrinche, una desobediencia o una mala cara, daré gracias a Dios por que ese desplante, ese berrinche, esa desobediencia y esa mala cara son mi vida. Aquello a lo que nunca renunciaría en mi vida.

¡Cómo está Hungría!

Desgraciadamente ni las meninges ni el reloj me dan para estar al tanto de todo lo que quisiera seguir. Uno de los capítulos de los que recibo información pero que no he proceso es el relativo a Hungría.

Recibo informaciones sobre su nueva Constitución, sus problemas con la UE y la reacción de los magiares en defensa de su independencia y contra la intervención de la UE en esos problemas. Por un lado me llegan denuncias de que la maquinaria europea se pone en marcha como respuesta a los principios contenidos en la nueva constitución, tales como lo referente a:

Símbolos: “Estamos orgullosos de que nuestro rey Esteban, santo patrón de Hungría desde hace mil años, haya fundado nuestra patria sobre sólidos cimientos incorporándola a la Europa cristiana”.

Vida: “La vida fetal y embrionaria será protegida desde el momento de su concepción”.

Religión: “Las religiones tienen derecho a estar presentes en el espacio público, ya sea para celebrar ceremonias o hacer proselitismo”.

Familia: “Sostenemos que la familia y la nación constituyen el marco principal de nuestra coexistencia y que nos cohesionan valores como la fidelidad, la fe y el amor”.

También sobre que el inicio de los problemas vino cuando Hungría utilizó parte de unos fondos europeos en costear una campaña en defensa de la vida, cosa inaceptable por la Unión, y que debe ser mucho más grave a lo que se hace aquí, que es tirar directamente esos fondos por el sumidero.

Bien, aceptando la buena pinta que tiene a primera vista lo defendido por los Húngaros y lo factible de que Bruselas tocara los mondongos a quien defendiera semejantes cosas, el no conocer en profundidad el asunto me deja abierta la puerta a que verdaderamente haya otros asuntos a corregir por parte de Hungría que “expliquen” las presiones de la UE (si es que algo puede explicar la simple existencia de la UE).

Y con esa puerta abierta estaba anoche cuando, en el telediario de las 9, explican que la situación en el país magiar era muy difícil porque (y enumero de memoria):

1.- No son capaces de corregir su déficit, del 3%.

2.- Con el salario medio (que primero dicen en la moneda nacional y luego traducen a unos 400 euros, aunque en cualquier búsqueda rápida en google se lee que pasa los 600) “una familia con una sola fuente de ingresos tiene dificultades para llegar a fin de mes, sobre todo después de las últimas subidas de precios”.

3.- El nivel de paro “alcanza ya el 10%”.

Claro, uno puede no saber de qué va el asunto… pero vamos a ver:

1.- Tienen menos de la mitad de déficit que nosotros.

2.- Admiten las dificultades de una pareja con un solo sueldo, si este es medio, para llegar a fin de mes… ¿hablamos de cuántas parejas vivimos en España con un sólo sueldo mediano y cómo llegamos a fin de mes?

3.- Y el paro, fíjense cómo está la cosa… es la mitad del nuestro.

Y los medios oficiales presentan esta situación como excusa para que la UE quiera meter mano… Pues me temo que me han convencido justo de lo contrario.

Pero claro, en la España de Belén Esteban, millones de paisanos se acostarían anoche pensando “ojú, cómo está Hungría, pobrecitos… tenemos que hacer algo”.

Torre Pelli: Acuerdo o escándalo a la vista

Tal y como algunos nos veníamos figurando hace meses, el Ayuntamiento de Sevilla va a pedir a Cajasol que pare las obras en altura de su rascacielos ante la amenaza de la Unesco de desposeer de la catalogación de Patrimonio de la Humanidad el centro histórico de la ciudad.

Sobre la practicidad de la torre y lo equivocado del debate en torno a ella me he manifestado desde el principio en el mismo sentido, y he seguido denunciando el absoluto error que supondría la culminación de la torre en su emplazamiento.

Y en los últimos tiempos, me he venido barruntando sobre dónde estaba el truco y son muchas las personas bien informadas que coinciden en la misma hipótesis.

A saber:

El Ayuntamiento de Sevilla dice ahora que no quiere que continúe la obra de la torre. Pero la obra tiene todos los permisos necesarios del Ayuntamiento, otorgados por el anterior equipo (y añado, sin protesta ni denuncia ninguna por parte del actual alcalde, entonces omnipresente líder de la oposición). Ve como va tomando cuerpo la amenaza de la Unesco de retirar la catalogación de Patrimonio al centro histórico, y ese es el arma que utilizaría para justificar una paralización de la obra. No puede permitir una amenaza como esa a lo que supone el turismo en Sevilla. Una pena que no se le ocurra ninguna de las muchas mejoras que necesita Sevilla en materia turística, pero bueno.

Cajasol, por su parte, se enfrenta a varias realidades que debieran hacerle renunciar a su propósito. Primero, que la situación actual de la entidad es radicalmente distinta de la de hace cuatro años, cuando se inició el proyecto: Ahora forma parte de otra entidad mayor y el horizonte es que se diluya aún más en la próxima tanda de fusiones. Ya no tiene sentido unas grandes instalaciones como sede de los servicios centrales de la entidad, que se han trasladado a Madrid, y mucho menos la oferta de miles de metros cuadrados de oficinas en un mercado absolutamente saturado. Qué decir además de lo que supone para una entidad bancaria, en la situación actual, añadir a su balance activos inmobiliarios de dudosa rentabilidad. Y evidentemente, que entidades que reciben milmillonarias ayudas del FROB empleen entre la tercera parte y la mitad de las mismas en un proyecto faraónico, cuanto menos, mosquea.

Ante esa perspectiva, Cajasol hace sus cuentas y con un mínimo de sentido común que tenga, ve que no le salen. Y si a uno no le sale el seguir para arriba y el otro prefiere que no suban más… ¿no parece clara la solución? Paramos la torre en la planta, digamos, número veinte y todos contentos. ¿No? Eso sería lo lógico, o lo fácil, o lo factible, o como quieran llamarlo. Y por eso hablo de acuerdo en el título, y espero que eso sea lo que está al caer, y ahí acabe la historia de este despropósito.

Pero ¿por qué hablo también de escándalo? Vamos a ello.

A mí los cambios radicales de postura en un tema tan evidente me mosquean. Mucho. Y si viene por parte de determinada gente, más.

Por una parte tenemos a un alcalde que mientras fue oposición salía un día sí y otro también en los medios, haciendo calle y metiéndose en cada fregado que encontraba. Incluso usando palabras de este su seguro servidor como suyas, dicho sea de paso, y al que no le recuerdo una sola protesta por lo que la Torre representaba. Ni una. Sólo a punto de llegar las elecciones que le instalaron en la alcaldía, puso en duda la legalidad de la obra, avalándola poco después. Y además tenemos un segundo de a bordo que hace bien poco se manifestaba públicamente a favor de la torre. Por cierto, Don Javier, usted vive en mi misma calle y por tanto debe de saber de sobra el tapón de tráfico que supondrá cuando funcione, porque le afectará exactamente lo mismo que a mí y que al resto de 300.000 sevillanos del Aljarafe. Claro que a usted le llevan y puede leerse el periódico mientras otros sufrimos los atascos al volante, también es verdad. Volviendo al tema: ante un Ayuntamiento para el que no había problemas hasta anteayer… ¿por qué de repente esa vehemencia y ese “no vamos a permitir” que esgrime ahora? Me parece bien la firmeza y la vehemencia, pero siempre que se tengan desde el principio y no vayamos cambiando el discurso. Se habla ahora de un plazo inmediato, de días para que el promotor, al que no le hemos puesto apenas pegas nunca, pare a la voz de ¡YA! la altura de la torre o si no, se amenaza con meter mano y obligar, con las consecuencias que tendría, a pararla. Y además clamando por la intervención del Ministerio y la Consejería de Cultura. Ahora. Durante años, chitón. Y ahora tiene que arreglarse en un fin de semana.

Y por otra parte, hay malas, malísimas lenguas de mentes poco sanas que imaginan a alguien del promotor pensando cómo hacer frente a un proyecto desbordado que empieza a entender como inasumible y de repente… “¡Vaya! si el Ayuntamiento me para la obra… ¡puedo pedir indemnización a tantos millones por piso levantado!” Se habla de ¡200 millones de Euros! como la cantidad que los sevillanos tendrían que poner por parar una obra legal a la que no se le ha puesto ni una pega en años. Evidentemente esto que digo es una maldad que circula únicamente por mentes calenturientas y nada tiene que ver con la realidad, ni tampoco puede otorgarle verosimilitud el hecho de que las obras se hayan acelerado a ojos vista en los últimos meses, conforme se evidenciaba la poca rentabilidad teórica de la misma.

Esperamos que las mentes calenturientas no tengan razón, y encima no nos cueste el dinero el solucionar este desaguisado al que se metió en él sin ser capaz de afrontarlo. Quiero creer que habrá un acuerdo y que todos saldrán muy sonrientes en la foto (que en eso son probados especialistas los interesados) anunciando uno que ha solucionado una amenaza para la ciudad, y otro que ha renunciado magnánimamente a un gran proyecto con tal de que la ciudad no sufriera.

Y a ambos, plas, plas, plas, encima les tendremos que estar agradecidos.

Lo que de verdad me asusta de 2012

Que si crisis, que si predicciones apocalípticas Mayas, que si tal y cual.

Antena 3 estrena una serie llamada Toledo y subtitulada “la ciudad de las tres culturas”. Y TVE avisa de una producción sobre la Reina (y Sierva de Dios) Isabel.

Eso sí que me acojona.

A ver si hay suerte y los Mayas se referían a los guionistas de televisión españoles, y aciertan.

Ruidos en el salón

Se despertó sobresaltado. Ya se había acostado inquiero y el ligero ruido que sonó en el salón bastó para desvelarle. Saltó de la cama. Por fin iba a poder comprobar si lo que le habían dicho sus compañeros era así. Cuidó de no hacer ruido y salió al pasillo. Pensó en entrar de golpe en el salón, pero prefirió dar una oportunidad a sus deseos y se dirigió al cuarto de sus padres. Con cuidado se asomó y comprobó, con tristeza, que aunque su madre dormía plácidamente, su padre no estaba en la cama. Hizo acopio de valor y aguantó las lágrimas. En el salón volvió a oír claramente el mismo ruido de antes. Así que decidió irrumpir en él y pedir explicaciones. Cuando estaba a punto de llegar a la puerta entreabierta tras la que ya no tenía dudas de que se encontraba alguien moviendo cosas, oyó un nuevo ruido, pero a sus espaldas. Se volvió y encontró a su padre saliendo del cuarto de baño con cara de sueño que se iba tornando en cara de sorpresa conforme reconocía a su hijo junto a la puerta del salón.

Las preguntas deuno y otro se cruzaron: “¿Qué haces levantado? ¿Dónde vas? ¿No sabes qué…?” “Papá, si no eres tú, ¿quién está en el salón?” “¿Cómo que quién está? ¿Es que les has oído? ¡Es Noche de Reyes!” “Pero mis amigos me dijeron que…” “Ejem, ejem…”

De repente se hizo un silencio espeso. Ese carraspeo no había salido de ninguno de los dos, sino que venía del salón.

“Si no os importa, váis a despertar a toda la casa y eso no sería conveniente. Bastante hay con que estéis los dos aquí. Id a dormir. Y tú, chaval, no te preocupes por lo que te digan tus compañeros. Nosotros seguiremos viniendo a todos los hogares en los que se celebre el Nacimiento del Salvador para conmemorar la Epifanía. Si algún amigo tuyo te dice otra cosa, es porque en su casa no nos esperan como mensajeros de alabanza, sino que sólo esperan su egoísmo. Es a esas casas a las que dejamos de ir. Venga, acostaos, y no intentéis contar a nadie lo ocurrido, porque mañana pensaréis que sólo ha sido un sueño.”

La siguiente vez que abrió los ojos, estaba en su cama. La luz entraba ya por las rendijas de la persiana y su hermana pequeña le saltaba en la cama gritando “Ya han venido, ya han venido. Arriba, dormilón, arriba”.

Feliz Navidad

En la ciudad de David os ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

Además de ir tirando, desde este rinconcito vamos desando a ese público que tanto me quiere y al que tanto debo una muy Feliz y Santa Navidad.

Reciban el nacimiento del Niño Dios cantando villancicos alrededor del Belén y no olviden colocar sus cepos anti-reno.

FELIZ NAVIDAD.

La pastorcita que se fue

Se lo dije el lunes. “¿Tus amigas se van a vestir de pastorcitas o ya vais a decir que sois muy mayores? No me lo vayas a decir el jueves a las ocho de la tarde, dímelo con tiempo”.

Soy un mal pensado. No fue a las ocho, sino a las siete y cuarto. Y además sin seguridad. “Pues el traje del año pasado ya te estaba justo, y a estas alturas no hay tiempo para buscar otro. Mira que te lo dije”. Torció primero un poco el gesto pero luego no puso mayor interés. Esta mañana entraba en el cole de uniforme, con su falda de cuadros y sus leotardos. De sus amigas, las más grandotas iban igual y entre las otras, unas sí y otras no. Por primera vez en varios años un último día antes de vacaciones de Navidad no estábamos liados en casa con horquillas sujetando pañuelos, faldas de pastora ni bolsos de borreguito.

Un follón matutino menos, se piensa de primeras. Pero de segundas a uno se le escapa un suspiro recordando pastorcitas tocando la pandereta, con ese sentido particular del ritmo que si no eres padre te parece un ataque aéreo, esos llantos de susto viendo llegar al paje…

Y ahora no están. Una ya se había ido, y ahora se va la otra pastorcita. Camino, supongo, del Belén de los recuerdos que a estas alturas empezamos a formar cuando llegan estas fechas y cerramos un rato los ojos.

Qué rápido pasa la vida. Qué poco disfrutamos de sus regalos.

Nos queda Gonzalete. Volveremos a empezar. Gracias a Dios.

Calendario escolar

Me entero por Europa Press de una propuesta lanzada por “asociaciones de padres” entre las que aparece en primer lugar la católica CONCAPA, sobre un cambio “en el calendario escolar y laboral”.

Como ya nos vamos conociendo, sólo con ver el titular ya intuyo a qué apunta esa propuesta. Y desgraciadamente, acierto: Muy buenas palabras preocupándose por los hábitos que pierden los niños durante el periodo de vacaciones, mucho estudio psicólógico, pero al cabo pidiendo lo acostumbrado: Que los niños tengan menos vacaciones.

Yo soy padre de hijos en edad escolar (y lo que me queda) y puedo entender peticiones sobre horarios y calendario escolar en uno u otro sentido. Lo que me fastidia (con “j”) es que me tomen por tonto. Porque a todas las personas que he oído defender el acortamiento de vacaciones y el alargamiento de horarios, repiten lo que han leído por ahí sobre hábitos y demás historias, pero la realidad es que todos los casos que yo personalmente he conocido, sin excepción, tienen una única motivación: No saben que hacer con los niños en las vacaciones. Y con todos ellos, sin excepción, acabo discutiendo, porque defiendo a rajatabla que el curso no empiece antes del 15 de septiembre ni acabe después del 22 de junio.

Y de la última gilipollez (que EP incluye en la noticia pero que afortunadamente no he encontrado que la católica Concapa defienda, menos mal) sobre que las vacaciones de Navidad (al menos no pone de Invierno) acaben con el Año Nuevo, ya ni les cuento. Eso no merece discusión, sino corte de mangas. A quien la proponga, a quien la defienda, y a los soplagaitas defensores del  gordo cocacolero que inspiran semejante estupidez.

Bien, dicho esto, tengo que decir también que entiendo que hay muchas familias que tienen muchas dificultades para conciliar, como se dice ahora, vida familiar y laboral. Y hay que buscar soluciones, y darles oportunidades, y tener plazas de guarderías y actividades para niños en periodo no lectivo. Pero también es cierto que los esfuerzos se centran en pedir, simplemente, que el curso dure más, pero nunca en señalar la gran estafa que hemos sufrido y que además hemos aplaudido. Y esa estafa no es otra que el haber pasado de una generación -la de nuestros padres- que nos sacó adelante en la inmensa mayoría de los casos con un único sueldo y que nos atendió con toda la dedicación y entrega necesaria, incluso a tres, cuatro o cinco hermanos, mientras que ahora aceptamos y vemos normal que con dos sueldos necesitemos imperiosamente que los colegios abran todo el año y todo el día, porque si no “no se puede”.

Bien, estudiemos ese “no se puede”. ¿Y por qué no se puede? ¿No ha progresado enormemente nuestra sociedad? ¿No hemos crecido en bienestar? ¿No tenemos ahora más oportunidades, facilidades y medios que nunca en nuestra historia? Entonces, que alguien me explique: ¿Por qué hace 40 ó 50 años una familia con 2, 3 ó 4 hijos vivía con un único sueldo, pagaba su piso, daba estudios a sus hijos, que se convertían en licenciados convenientemente formados y encima ahora, cuando esos hijos pertenecen a la generación mejor preparada de la historia, les tienen que seguir ayudando económicamente?

Es cierto, hay muchas, muchísimas familias jóvenes que necesitan imperiosamente dos sueldos y además que los abuelos actúen de canguros forzados para poder soñar en pagar algún día su hipoteca, y esperar que el día de mañana puedan pillar alguna beca o subvención para intentar que sus hijos (o su único hijo, más bien) llegue a una universidad masificada e inútil de la que saldrán necesitando pagar unos estudios posteriores que les distingan del resto del rebaño. Familias jóvenes que ven como tienen prácticamente abandonados a sus hijos en periodos de vacaciones escolares. Si convenimos que la solución es abrir los colegios sin más, sin buscar razones ni culpas, estamos aceptando la estafa a la que nos han sometido.

Pero vamos a pisar algún charco más: ¿Cuántas familias analizan seriamente la opción de vivir con un sólo sueldo? No hablo de esas que irían en el caso anterior, para las que sería cuantitativamente imposible. Hablo de casos reales, que yo conozco y seguro que usted también. Parejas con relativamente buenos sueldos (no hablo tampoco de millonarios), que cambian de coche cada pocos años porque les gusta el nuevo modelo, aunque el suyo esté en buen uso, que disfrutan de vacaciones y viajes de placer en hoteles, que salen a cenar semana sí semana también, con los armarios surtidos de modelitos de marca y que no se privan de nada. De todo lo cual, yo me alegro enormemente. Pero que cuando sale el tema, salen con el consabido “es que no se puede”. No se puede conciliar vacaciones, no se puede tener a los niños en casa. No se puede tener más de la parejita. No nos lo podemos permitir.

A ver, que todos me entiendan: Yo no le quiero decir a nadie lo que tiene que hacer con su dinero, con su tiempo de vacaciones, con sus hijos o con la junta de su trócola. Lo que no me gusta nada es que me tomen por tonto y pretendan que todos los niños, también los míos, tengan un mes más de curso por sus santos cojones. Y cuando ya dicen “huy, qué más quisiera, pero es que no se puede”… es que me tengo que morder las manos.

Tenemos, y termino, por tanto dos problemas bien diferenciados. El primero, que gran parte de una generación que está encadenada al remo de por vida, con unos salarios vergonzosamente bajos comparados con ese mismo entorno con el que nos comparan a la hora de subirnos precios y tasas, con tal de no salirse del manual del perfecto demócrata está dispuesto a seguir en pompa antes de denunciar la estafa a la que este régimen le ha sometido. Ha comprado la mercancía. Estamos de fruta madre. Todo va dabuten, que decía Glutamato. Mejor que nunca. Pobrecitos, mis padres.

El segundo, otra parte de esa generación entregada al signo de los tiempos del disfruta lo que puedas y no te compliques con esos seres tan molestos, déjaselos a tu madre y vámonos de parranda… y a ver si nos abren el cole en agosto que es que yo si no, no puedo vivir.

Y los autores de la estafa, descojonándose. Y una generación de chavales, con algo que técnicamente seguimos llamando infancia, aunque demasiadas veces no parezca tal.

Si esta sociedad tuviera conciencia, podría remorderle. Si tuviera. O tuviese.

Los rosarios del padre Higinio

Pensaba en la de cosas que hoy necesitamos -o mejor, que decimos que necesitamos- para acometer cualquier plan. Y en lo complicado que parece ser todo ahora, con lo sencillo que era hace unos años. En todos los ámbitos.

El niño no puede ir a una excursión sin que hayamos examinado cada milímetro del recorrido al menos desde el google maps, sin seguimiento gps y sin el móvil para que llame o le llamemos cada 45 minutos o menos. Y evidentemente, debe volver intacto o tiraremos de maquinaria legal. Ay, aquellas excursiones en tartanas, aquellas horas y horas ilocalizables, aquellas brechas y aquella mercromina que todo lo podía y curaba…

El trabajo no puede realizarse sin rellenar 500 documentos absurdos y reiterativos, cuando el cliente nos está pidiendo algo que en 30 minutos seríamos perfectamente capaces de darle.

Las parejas no pueden convivir si no se reservan un espacio propio y no mantienen sus “días de asuntos propios”, en los que intentar parecer que siguen siendo adolescentes que salen de marcha con sus amigos, además de necesitar realizarse a través del éxito económico… ¿Qué será eso del contigo pan y cebolla que decían los de antes?

Recuerde: pare cada dos horas, dice el cartel. Y yo me pregunto si los de la DGT son imbéciles (disculpen la pregunta retórica) o si es que no salen a carretera. Si a nosotros se nos dormía el culo en aquellos viajes de 10 horas cruzando España, esta chusma ¿resistiría sin su sesión de Spa? Y nosotros llegábamos con ganas de comernos el mundo, y ahora sobre alfombras deslizantes hay que tomárselo con reservas…

¿Cómo, que no tienes todavía un hipermegacondensador de fluzo regulando la domótica interbiologizada del inversor de iones en casa? Pero ¿cómo podéis vivir así, en la prehistoria…?

En todas estas cosas, y muchas más, pensaba mientras observo uno de los rosarios que el páter nos entregó en un retiro el sábado pasado. Pienso en las monjas que los hacen, en la inmensa modestia de unos garbanzos, unos alambres y unas fundas de cable, y cómo con esa modestia y su sencillez ponen en nuestras manos semejante regalo.

Imagino a un capullo con corbata de flores intentando realizar una auditoría de calidad al convento, y levantando “no conformidades” por no cumplir sus estúpidos protocolos. Sin embargo, ni la mejor platería con la más puntera tecnología los haría mejores.

Y veo que, efectivamente, para hacer las cosas bien no se necesita el grado de gilipollez reinante. Sólo ganas y disposición. Y no seguir a tanto idiota. De verdad, no necesitamos más. No busquemos complicaciones, pero sobre todo, no pongamos excusas.

Tomemos ejemplo de las monjas y de los rosarios que nos trajo el páter. Unos garbanzos, unos alambres, unas fundas de cable… ¿de verdad necesitamos mucho más?

8 de diciembre

Hoy sí. Hoy sí celebra España nada menos que el día de su Patrona. Y siento chafarle a usted lo aprendido en la LOGSE, pero es que es así: La Santa Patrona de España (y de su infantería) es la Inmaculada Concepción. Aquí se defendió y casi diríamos que se proclamó el dogma concepcionista siglos antes de que la propia Roma lo dictara. Como ya se cantara en Sevilla 250 años antes de su publicación:

“TODO EL MUNDO EN GENERAL
A VOCES, REINA ESCOGIDA,
DIGA QUE SOIS CONCEBIDA
SIN PECADO ORIGINAL”

Así que, a las Inmaculadas, a las Concepciones  y a las Cochitas, pero también a toda España: ¡Felicidades!