24 horas hace que llegué a casa después de 15 días de veraneo.
Volvemos a un despertador inmisericorde que ya había olvidado. A un ritmo que me deja sin tiempo para «mis cosas» ni para dormir lo que quisiera. A un calor infernal, unos 8 ó 10 grados superior al que tenía en mi lugar de veraneo. A un tráfico caótico por unas infraestructuras tercermundistas, que los gobiernos del pesoe no han arreglado porque no necesitan ganar votos en Sevilla y el pepé no arregló porque para qué invertir dónde no les votaban. A la vida de una ciudad gobernada por un tándem formado por un retrasado mental y un hijoputa con pipa que comandan una banda de chorizos que tiene manga por hombro la que un día fue hermosísima capital y hoy es un poblacho sucio y cateto. Eso sí, con carriles bici por todos lados. El que ahora está en ejecución, por la mismísima puerta del cole de mis hijas, a dos metros de la salida de los niños de educación infantil.
Una vuelta difícil, imaginarán. Bueno. Pero a todo nos acostumbraremos. Al despertador, que nos recordará la maldición bíblica del trabajo y del sudor de la frente. Al tráfico, que nos recordará lo mal que hacemos las cosas y aún así lo llamamos progreso y avances de la civilización. Al ritmo, que quizá algún día nos hará ver que vivimos para trabajar, comprar y consumir, cuando debiera ser lo contrario. A la decadencia de Sevilla, que nos enseñará que al final, cada sociedad tiene lo que merece. A todo eso puedo hacerme.
Pero encontrar, un día antes del viaje de vuelta, a mi hija de 7 años mirando al infinito y preguntarle qué le pasa para recibir una mirada de tristeza infinita y ver cómo, deshaciéndose en lágrimas, se me abraza diciendo que no quiere dejar a sus amigas hasta el próximo verano… Eso me pellizca el alma mucho más que todo lo demás. Quizá porque es mucho más auténtico y sincero que todo aquello. Y en el fondo, más importante.
Bien hallados.
One Comment
Es muy duro para una niña tan pequeña pasar, tan bruscamente, de un ambiente donde es querida porque sí, a otro donde es juzgada.
Nosotros ya estamos acostumbrados.
One Trackback/Pingback
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: 24 horas hace que llegué a casa después de 15 días de veraneo. Volvemos a un despertador inmisericorde que ya había olvidado. A un ritmo que me deja sin tiempo para “mis cosas” ni para dormir lo que quisiera. A un calor…
Post a Comment