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Las tijeras, Adela y el Spectrum

El problema de cambiar una habitación no es el color de las paredes o los goterones de pintura en el suelo, sino el trajín que hay que liar. Y en mi caso, por mi manía de enlazar cosas y recuerdos, además, es un suplicio. Algunas de las cajas que aparecieron no sólo llevaban mis casi 12 años de casado esperando en un rincón, sino que además en muchos casos las había llenado mi madre volcando estanterías enteras que llevaban en mi cuarto de soltero otros tantos cogiendo polvo.

Durante años he evitado hacerles frente, para disgusto de mi mujer. Ahora no me ha quedado más remedio.

Anoche estuve hasta las 2 con un par de cajas. A cualquier otro quizá le parecería una labor sencilla. Esas revistas viejas, esos juegos de ordenador de hace 25 años o más, esos números de teléfono que no sabes de quienes son… Pero con cada papel arrugado que iba apareciendo, era mucho más que papel, polvo y alguna araña lo que yo iba clasificando.

Busqué entre aquellas revistas de ZX las páginas que tenía señaladas, sin saber el porqué de esas señales. Anuncios de nada que ahora me parezca interesante, líneas de código en Basic para diversas utilidades y juegos… Y me vi, con 15 años y mi spectrum de 48K bajo el brazo, evidencia de que la más puntera de las tecnologías, escudriñando aquellas revistas buscando en ellas importantísimas revelaciones… y a punto estuve de volver a guardarlas. Pero acabaron en la caja de «para tirar». Seguramente en los próximos días despertaré sobresaltado recordando que en una de ellas encontré algún código importantísimo que ahora necesitaría imperiosamente…

Fui repasando con cuidado tantas cintas y tantos juegos del Spectrum. ¿Acaso sirven para algo? El Spectrum también lo guardé en su día… pero no funciona. ¿No sería lo lógico tirarlo todo? Recuerdo cuando guardé el Spectrum que me planteé eso mismo… No funciona… no lo voy a arreglar… si lo arreglara no lo usaría por razones evidentes… Todo parecía empujarlo a la basura, pero un simple acariciar de aquellas teclas de goma me hicieron recordar tantas cosas que me decidí a guardarlo «hasta el próximo orden». Así que ayer los juegos fueron a dormir junto a mi querido 48K.

Pasé varias veces algunas tarjetas de visita que aparecieron, intentando recordar quién y porqué me las entregaron. Y sobre todo, lo que me hace resistirme a tirarlas… ¿por qué las guardé? ¿Acaso pensé que en el futuro podría necesitar los servicios de aquella empresa, que ni recuerdo ni existirá ya? ¿Acaso me unía alguna amistad con el nombre que aparecía en ellas? No lo sé. Y mientras las tiraba, tiraba también esas preguntas que se me iban asomando. Y no fue nada fácil. Pero acabaron en la caja de «para tirar».

Además de las tarjetas impresas, recortes de papel con nombres, direcciones y teléfonos. Fácil, ¿verdad? Si te interesa lo guardas, o mejor te lo apuntas en el móvil, y si no lo tiras. Algunos requirieron un tiempo para situarlos. Otros los recordé enseguida, pero me mantuvieron un buen rato reviviendo el momento exacto en el que fueron escritos. Era un paso evidente, la manera de sellar que el contacto se mantendría… solo que no se mantuvo, en algunos casos ni por una sola vez. Allí estaban las promesas de escribirnos con algún compañero de campamento juvenil, o de internado veraniego… O los datos del entrañable Carl. O los de la guapísima C., que me hizo evocar como si lo estuviera viendo a J.M. contándome un día emocionado «me ha escrito, me ha escrito, a mí, y a vosotros no…» quizá imaginando un próximo encuentro… apenas un par de meses antes de enterarnos de que se casaba con ciertas prisas…

Anda, este papel aparece en cada limpia. Marzo del 75. Pruebas psiconosequé aquí al menda. Inteligencia, atención verbal, afectividad, test de fulanonosequién… y ese comentario que me sigue haciendo tanta gracia, sobre todo cada vez que alguien me dice que qué raro corto las cosas. Con 6 añitos, como parte del dictamen sobre mis aptitudes, ahí lo dice bien claro: «Coge mal las tijeras». Y hasta ahora.

Así van pasando paleles, voy tragando polvo y carraspeando, mientras voy recordando cosas, unas provocándome sonrisas, otras carcajadas, otras nostalgia, otras tristeza… Ya tengo la caja de «para tirar» y la de guardar. Ahora viene la decisión. ¿Qué hago con las tres o cuatro cosas que he dejado en medio, indeciso?

El recorte de periódico lo guardaré, a ver si un día lo escaneo y por fin demuestro que sea o no sea leyenda urbana, la desternillante historia yo la leí en prensa supuestamente seria. El folleto de aquel pabellón de la Expo lo tiraré. Y la tarjeta de felicitación de cumpleaños… esa la guardaré. Una felicitación que empieza diciendo «No sé si sabes quien soy, en una fiesta en el verano del 88 nos tocó -ojo al verbo utilizado, porque era así, se sorteaba- juntos en el primer baile».

Alguna mente calenturienta o con falta de perspectiva pensará lo que no es. Efectivamente, no lo es. Pero a mí me ha hecho mucha ilusión. Supongo que la primera vez que leí aquella tarjeta la recordaba perfectamente. Ahora reconozco que la laguna era importante. Pero de lo que se trata no es recordarla sólo a ella, sino mucho más. Me ha recordado aquellas fiestas y aquella pandilla que formábamos, un grupo unido, sin el mamoneo que veo en las pandillas de adolescentes de ahora.Una pandilla que apenas compartíamos unos días en el año pero que marcaban muy profundamente.

Ella vino un año -creo que dos, pero yo sólo coincidí uno con ella- acompañando a una de las «miembras» de la pandilla de toda la vida, pero ya forma parte, como tantos otros con los que compartí nada más que un veraneo, apenas unos días, de los recuerdos de aquellos tiempos.

A ver si para la próxima limpia puedo recordarte mejor, Adela de Vigo. Aunque cada vez me cuesta más situar algunas cosas. Como pronosticabas en la tarjeta, nunca llegué a utilizar la dirección que me mandabas esperando respuesta. Al menos que yo recuerde.

En fin, que cuando decido que por ahora ya está bien, me sacudo el polvo, estornudo un par de veces, coloco las cajas de guardar en su sitio y llevo la de tirar hacia la puerta. A la mañana siguiente siento que estoy echando un trozo de mi vida al contenedor.

A veces veo la escena en la que -espero que dentro de muchos años- mis hijos y mis nietos hacen limpia de mis cosas cuando yo haya doblado la servilleta. Van a flipar diagnosticándome un inequívoco Síndrome de Diógenes. Pero no es cierto. Lo que yo guardo no es inútil. Son chispazos de vida.

12 Comments

  1. Kikas wrote:

    Me ha encantado…no te lo creas que es que me estoy volviendo un blando
    O sea, ¿que tu eres al que taloné a Adela, esa chica tan maja de Vigo?

    viernes, agosto 20, 2010 at 19:22 | Permalink
  2. Embajador wrote:

    Muy bueno Gonzalo. Te acompaño verdaderamente en el sentimiento. Mi señora tiene un lema: «Para ordenar, hay que tirar». No digo más.

    viernes, agosto 20, 2010 at 22:00 | Permalink
  3. Pitufa wrote:

    Yo le digo que por lo menos lo meta en unas cajas monas, una etiqueta y pa’rriba.

    sábado, agosto 21, 2010 at 2:36 | Permalink
  4. Cada género tiene sus manías. Ellas guardan cosas «supernecesarias» en bolsos cada vez más grandes que llevan consigo a cualquier sitio.

    -«Luego soy yo el que tiene que sacar las llaves».

    Nosotros guardamos cosas completamente inútiles (por lo menos lo reconocemos) en cajas que guardamos en el desván.

    – «Si al menos tuvieran una caja mona».

    Y a veces, hasta nos queremos y todo.

    sábado, agosto 21, 2010 at 2:47 | Permalink
  5. Pitufa wrote:

    Pues al final resulta que,en general, los hombres son iguales en cualquier punto del país y a cualquier edad y las mujeres lo mismo.
    Y, en general también, las mujeres nos quejamos de las mismas cosas de los hombres y los hombres os quejáis de las mismas cosas de nosotras.
    Como alguien dijo una vez, el que tengamos los mismos derechos no quiere decir que seamos iguales. 😉

    sábado, agosto 21, 2010 at 2:53 | Permalink
  6. Embajador wrote:

    Bueno, como dijo el famoso diputado francés: «Vive la petite difference!».

    En cualquier caso observo que debéis llevar poco tiempo casados, porque la historia de las «cajas monas en el altillo» me resulta sorprendentemente familiar. Luego los altillos se llenan a rebosar de no se sabe muy bien que, y empieza la fiebre depuradora.

    De momento he conseguido salvar de la santa quema mis apuntes de la carrera. Hace años que volaron las revistas del Spectrum (si, Gonzalo, lo siento, no eres nada especial), en general todas las de informática, las de maquetismo (esto me costó literalmente alguna lágrima) y mi colección de juegos y software en discos de 5 pulgadas (absolutamente inútil a pesar de que en el museo de la informática que conserva en el garaje mi padre<–este si que sabe, queda, entre varias otras joyas, un IBM PC XT en buen estado de funcionamiento, con impresora matricial y todo ¡ojo!).

    sábado, agosto 21, 2010 at 17:40 | Permalink
  7. Gonzalo wrote:

    Con lo mona que era la caja que tenía… de pañales para adulto… Y no esa mariconada del ikea…

    Embajador, poco tiempo… bueno, 12 años (no te tendré en cuenta tu falta de lectura comprensiva esta vez), pero 12 años de «¿cuándo $%#@ vas a quitarme estas cajas?». Uno, que sabe regatear. 😛

    Mira, para tu XT acaban de aparecer manuales originales de IBM del ms dos 3.30. También del 5.0 pero eso ya es de anteayer.

    Yo te gano… en la limpia de la mudanza de hace 12 años tiré discos de ¡¡8!! pulgadas, de los antiguos S30 de IBM. Y no hace tanto que me deshice el 286 con doble disketera de 3 1/2 de baja y sin disco duro. Nuestros dos 386 los tiré hará ni un mes. Estaban tapando las cajas de marras.

    domingo, agosto 22, 2010 at 23:00 | Permalink
  8. Pitufa wrote:

    No veas. Tengo ahora una habitación la mar de grande 😉

    lunes, agosto 23, 2010 at 2:49 | Permalink
  9. Gonzalo wrote:

    Sí… pero te recuerdo que en unos días todo lo que está en el lugar que ocupará el armario debe quitarse… ¿cajitas monas y p’arriba?

    😛

    lunes, agosto 23, 2010 at 3:05 | Permalink
  10. Embajador wrote:

    Oye ¿no pensarás que mi señor padre ha tirado los manuales, verdad?. Por favor, que poca sensibilidad.

    lunes, agosto 23, 2010 at 21:31 | Permalink
  11. LFU wrote:

    Inmenso, Gonzalo. Debemos ser almas gemelas. Mi casa es un enorme almacen de cosas viejas que me producen encogimientos estomacales cuando las veo. Un fuerte abrazo

    miércoles, agosto 25, 2010 at 10:27 | Permalink
  12. Seneka wrote:

    Me parece que tenemos todos un poco de fetichismo con estas cosas. También yo puedo contar lo del Spectrum, las revistas de informática y etc …

    A mi, de lo que más me costó deshacerme, fué de apuntes de la carrera y de aquellos viejos números de «El Alcázar», «FE», «No Importa» …

    La experiencia demuestra que es buena práctica deshacerse de todo aquello que da lugar a apegos innecesarios.

    jueves, agosto 26, 2010 at 10:13 | Permalink

2 Trackbacks/Pingbacks

  1. Bitacoras.com on viernes, agosto 20, 2010 at 1:43

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El problema de cambiar una habitación no es el color de las paredes o los goterones de pintura en el suelo, sino el trajín que hay que liar. Y en mi caso, por mi manía de enlazar cosas y recuerdos, además, es un suplicio. A…

  2. Vamos tirando › Casas sin alma on viernes, diciembre 10, 2010 at 1:23

    […] un tiempo pensando el el estilo en que amueblaría tal o cual rincón de la casa. Los días de la limpia veraniega, uno de los cargamentos más pesados eran esos miles de […]

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