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Soy un rojo peligroso (I)

Viendo las noticias de las últimas semanas, cierro los ojos y me escucho claramente lanzando uno de mis «discursos» en las charlas que se montaban, hace años, en la oficina. En una de ellas, a mi eterno discutidor, R., le decía que la situación no se arreglaría hasta que los políticos no pudieran asomar el hocico por sus portales, hasta que a cada uno de ellos les pongan colorados y les mienten a la madre nada más pisar la calle. Cuando no les mereciera la pena vivir así, dejarían de ser una infame casta chupóptera y ladrona.

Veo ahora, digo, las noticias sobre eso que ahora llaman «escraches», y recuerdo aquellas palabras y aquel convencimiento mío. Y veo también a los medios. Unos callan, otros hacen encaje de bolillos para el sí pero no, y otros tachan de métodos subversivos de la izquierda radical el asunto. Sin embargo, no me gusta la situación. Ni siquiera porque puedo aprovechar la ocasión de que los peperos me llamen rojo peligroso, que es algo que siempre gusta. Y no porque yo haya cambiado de opinión. Sino porque los que han cambiado son ellos, los que ahora gritan y acosan.

Yo defendía esa postura cuando la gente estaba calentita en su casita viendo como el país se iba al carajo. Pero a ellos eso no les importaba. Les importa ahora, cuando lo que se ha ido al carajo es su situación personal. Pedir palos y antorchas entonces para toda la casta era antidemocrático, radical. Pedirlos hoy sólo para quien ellos digan es democracia real.

Y no puedo juzgar a quien, desesperado en su situación, escapa por esas u otras válvulas. Pero sí a quien, mientras a ellos no les afectaba porque disfrutaban de las migajas que les caían del banquete de la casta, aceptaban encantados que bienes comunes y valores superiores se estuvieran arruinando. Todos esos, hoy muy indignados, merecen el mismo desprecio que yo les dedico a la casta. Todos esos son los que, callando entonces como perros, hicieron posible esto.

Ahora, aguanten sus velas. Porque tenemos lo que nos hemos ganado. Lo que los que hoy rugen han ayudado a crear y defendido con uñas y dientes. Rojo peligroso había que ser a las maduras. Ahora no tiene gracia. Ni mérito.

4 Comments

  1. Exactamente

    jueves, abril 11, 2013 at 13:52 | Permalink
  2. Pero sin duda, lo sorprendente a estas alturas, es que el Congreso, el Senado, las sedes de PP, PSOE, IU, UGT, CCOO… no estén ya ardiendo o reducidas a cenizas hace meses. Lo que sorprende es que a ningún sinverguenza de esos que se hacen llamar políticos, sindicalistas o intelectuales, con cuentas en Suiza, lo hayan linchado aún. Es incomprensible que ninguna masa descontrolada de «parados de larga duración» haya intentado quemar el palacete de Pedralbes, con Infanta y entrenador de balonmano árabe dentro, por poner un ejemplo.
    No digo que estuviera bien. Digo que me sorprende que no pase.

    jueves, abril 11, 2013 at 15:18 | Permalink
  3. Kikas wrote:

    Aquí el único rojo peligroso siempre fui yo y no presumo….
    A ver si te vas a apuntar ahora a un barco con un capitán algo mediocre…

    jueves, abril 11, 2013 at 22:02 | Permalink
  4. Gonzalo wrote:

    Envidia, que a mí intereco me tiene por rojo peligroso y a ti no…

    lunes, abril 15, 2013 at 18:53 | Permalink

2 Trackbacks/Pingbacks

  1. Bitacoras.com on jueves, abril 11, 2013 at 11:53

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Viendo las noticias de las últimas semanas, cierro los ojos y me escucho claramente lanzando uno de mis “discursos” en las charlas que se montaban, hace años, en la oficina. En una de ellas, a mi eterno discutidor, R., le…

  2. Vamos tirando › Soy un rojo peligroso (II) on martes, mayo 14, 2013 at 10:15

    […] Elena Cortés hablaban de un marxismo trasnochado con una buena dosis de Chavizmo on the rocks. Y volví a recordar tantas y tantas […]

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